martes, 21 de octubre de 2008

La enfermedad con un toque de veneno: El odio.

El odio es la forma mas clara y alternativa de sacar toda la presión generada por la frustración cotidiana.

Esperar a que llegue el miedo del contrario y el momento de la venganza bajo el telón de tu espectáculo.

Ver caer. Sangrar a lo que odias.

Hacer desaparecer todo lo malo. Deshacerte de la mala hierba. Tomar su cabeza y mostrarla como trofeo a tu propio ego para no sentirte abrumado por saberte impotente ante un hecho que provocó toda la ira entre los dioses mentales que son regidos por tus mismos hechos.

Caminar sobre las brasas del fuego que es producido por la carne de los intrusos quemándose.

Reír...

...odiar.

Mostrarte todopoderoso ante ti mismo. Qué importa lo que piensen los demás.

Quizás no es tu culpa sentir que es el odio el que te da más fuerza que nada.

En igualdad de fortaleza, solo es comparable con el amor.

Cuando te has permitido herir y dañar a los demás, ¿cómo ceder ante la necedad de tus vagancias humanas?, bebes las sangre de tu enemigo, permites que tu carne se contamine con elixires sintéticos, el fuego que ilumina el sendero de un mundo muerto, este mundo no es el que habitas, sino el que tienes dentro.

Aquí estan los pensamientos más lacerantes de frustraciones criminales, poetas malditos, quienes con sus obras, marchitan sueños, e incendian pasiones hasta calcinarlas en su arrogancia, vapores azufrosos de sinsabores mitigantes, ¿agoniza tú mundo?

El ser humano culpa a cualquiera de sus errores cometidos, culpa a todo menos al protagonista principal de sus fechorías calumniantes, a él mismo.

Pero, ¿cuándo se llega a culpar al ser en sí?

¿Cuándo te culpas a tí mismo?

El odio más peligroso es el auto-odio. Ya que genera el sentimiento de autodestrucción más allá de toda proporción.

El ser humano a veces abusa del libre albedrío, sin embargo no hay límite establecido a absolutamente nada.

¿Cuál es el límite?

Siempre estamos en la disposición de llegar hasta las últimas consecuencias por los medios que sean necesarios.

...por los que sean necesarios...

Pues el odio es la semilla que dará nacimiento al torcido árbol de la venganza con sus frutos agridulces, que saborearemos no importa que tanto nuestra propia razón deseé anteponerse a nuestro proposito.

el de morder y devorar...

destruir...

Deshacer con nuestras propias manos al agresor que nos lastima con sus arrogantes mentiras, ó a quien no soportamos por ser diferente ó superior a nosotros mismos.

Ahí cae el error, comparate y te odiarás.

Y si te odias, ya eres tu peor enemigo.

¿Y sabes que haces con tu propio enemigo?

Te espera la misma suerte que a los demás, te destruirás.

Y sin embargo los enemigos son parte de tu vida, quien te traiciona, quien te humilla, quien se enaltece con tu mérito, quien pretende gobernar tu vida, el que te insulta sin conocerte, la lista en el arte de odiar es vasta como para muchos insulsa, ¿qué justifica a tu odio?

Transformate y lo sabrás, quien ha sentido el odio como lava hirviendo por sus venas sabe que significa el odiar, y no importa a quien ó a que lo dirijas, sabes las consecuencias de tus actos y no importa quien lo haya hecho nacer en tí, esta sentenciado a vivir tu pasión por verle hecho pedazos, cortados a mano por tí.

Y después de la venganza ¿qué hay?

Nada....

¿En serio crees eso?

No puedes destruir por completo a quien odias, es la fuente de tu placer negativo, tal vez vaste subajar su ego para que te pida perdón, que enmienda sus errores contigo, pero eso es solo la mitad de tu odio, la otra solo querrá la destrucción total para luego desaparecer y vivir tu vida como si nada hubiese ocurrido.

El odio a estos extremos se vuelve fanatismo, persigues una causa solo lógica dentro de tí. Quieres sentir esa fuerza interna que te impulsa a cometer lo indecible, lo impensable, saberte con poder para hacer cualquier cosa.

El odio no necesita de justificarse, solo se siente y ya.

¿Contradecirías dicha afirmación?

Es parte de las enfermedades del alma.

Al fin y al cabo sigue siendo veneno para el espíritu.

1 comentario:

Anónimo dijo...

bien, me gusta!